¿POR
QUE LO PERMITIMOS?
A 9
de abril de 2012.
Hasta no hace mucho tiempo seguía con el convencimiento de que era
necesario una búsqueda activa de una información precisa y detallada de los
acontecimientos para después poder posicionarse ante ellos y cambiar ó reducir
sus previsibles consecuencias y por ello mantenía un esfuerzo en investigar y
comprender la motivación de las diversas decisiones políticas y el modelo
social que nos imponen paso a paso y las consecuencias económicas que vienen
degradando a la clase social media europea en los últimos años; y como segunda
premisa, que compartir está información sería el principio de un cambio
controlado y necesario para protegernos de otro cambio con un ritmo y un alcance
que, de no hacer nada, va a sobrepasar, cuando no lo está haciendo ya, la
capacidad de las actuales y degradadas instituciones políticas.
Sin embargo, a medida que iba desechando mis propios artículos de opinión
sobre estos temas una verdad se iba abriendo camino, ¿en realidad hace falta desentrañar
hasta el último detalle de los acontecimientos para ponerse en marcha?. La
respuesta es que no, que no hace falta.
De hecho, en España, son tantos los escándalos y los abusos abiertamente
conocidos por los que se autodenominan “CLASE DIRIGENTE” que la opinión generalizada
en mi entorno es que estamos ante una especie de pactado expolio de las arcas
públicas dentro de un contexto generalizado de corrupción e inmoralidad de
políticos, de grandes grupos de presión empresariales, de la banca y sus consejeros, de los mal llamados
agentes sociales,…., todo ello ante una descarada ostentación de impunidad
amparada por un incompresible sistema en el que se otorgan ellos mismos cuantiosos
y abundantes privilegios en relación con la población convertidos en peones
sacrificables en su juego.
Muchas veces uno solo de los conocidos escándalos ó de las agresivas
decisiones políticas que destruyen estructuras sociales consolidadas deberían haber
sido el detonante de un abierto rechazo social y con su lógica movilización
popular impulsar los cambios necesarios para recuperar el camino de un
desarrollo social más igualitario y sobre todo coherente con los límites
físicos de la energía, de los recursos
naturales y la solidaridad.
Sin embargo esta lógica se contradice con la realidad: “NO SOLO NO HACEMOS
NADA POR CAMBIAR LA SITUACIÓN”, sino que de hecho los acontecimientos nos
gritan que cada vez que hemos consentido un abuso, este ha dado pie a otro
mayor y más descarado, apoyado en esa impunidad que nosotros mismos otorgamos
con nuestra, celebrada por algunos, pasividad.
“Hasta no hace mucho tiempo seguía
con el convencimiento de que una información veraz cohesiona la sociedad, ahora
intuyo que si previamente no existe la sensibilidad social no hay nada que cohesione
las sociedades, salvo la codicia”.
Recuerdo, no sin cierta ingenuidad, cuando sentía la urgencia de compartir
con mis amigos como habían hecho (Nixon el primero) dinamitar el sistema
monetario basado en respaldo de oro en otro que se generaba a través de la
creación de deuda que necesitaba crecer exponencialmente (actualmente el dinero
plástico supera el 97% del total circulante y sigue necesitando más deuda e intereses
para mantener el aberrante status quo); ó en el peligro latente al que nos
enfrentábamos si los políticos seguían derrocando las normas que nos protegían
de la banca; después fue la incomprensión del endeudamiento privado en
viviendas que solo alimentaban la especulación amparados en una decidido apoyo
gubernamental, ahora ya sé la respuesta; a continuación la sustitución de la
compra de Tesoro Público por el de subasta competitiva, y también sabemos ya a
donde nos ha llevado; entonces, agoreramente les dibujaba un horizonte donde se
obligaría a los ciudadanos a trabajar más y más para poder devolver su deuda
privada y renunciar a los servicios sociales para sufragar la deuda pública, en
una ecuación matemática que solo tiene un resultado ya practicado antes, el
conflicto violento que todavía no ha llegado.
Les participaba de las zonas oscuras que se hacían evidentes cuando se
analizaba una prensa y medios de comunicación sometidos a unos dudosos consejos
de administración que son los que deciden qué y cuándo se difunden determinadas
noticias y otras directamente se obvian; a los negocios carentes de ética que
su objetivo es provocar mercados cautivos; en lo que parecen operaciones de
falsa bandera en los atentados más señalados en la última década; en las
perversiones estadísticos de la manera de calcular el PIB y la inflación; en el
concepto de crecimiento exponencial falsamente asociado a desarrollo económico,
cuya razón de ser es crecer para sostener un sistema
monetario basado en el fraude y asociado a un modelo energético incapaz crecer
y ambos vinculados a un mundo cuyos
recursos naturales están al borde del colapso; a unos los políticos que su principal objetivo es ocultar la
verdad para ganar tiempo y afianzar su casta social; a unos bancos nacionales
que continúan inyectando cada vez más dinero en un sistema que, en esencia,
vive alejado de la realidad; al club de Bilderberg, a la mesa redonda de
industriales, el foro económico mundial de Davos, la trilateral; a la
sospechosa asociación de graves acontecimientos sociales apoyados en el miedo y
la respuesta como pérdida de derechos de la ciudadanía.
Incluso era capaz de aventurar pronósticos de horizontes a futuro como el
fraude de la deuda pública una vez agotado el fraude financiero anterior y como
el siguiente que serán los alimentos, a tenor de cómo se están modificando determinados
mercados y una vez más con un incondicional apoyo de los gobiernos ó como
estaba próxima la criminalización de cualquier actividad pacífica de rechazo
social sobre las políticas que impondrían los corruptos gobiernos de cualquier
signo ó condición, incluido un férreo control de las comunicaciones para evitar
la posibilidad de organizarse civilmente, ya que era un peligro latente
asociado al error de universalizar determinadas tecnologías.
Claro que nunca imagine que los países permitiesen Guantánamo, ó el engaño de
la guerra de Iraq, ó los ejércitos privados, que paguemos todos las pérdidas de
determinadas entidades privadas ó los golpes de estado perpetrados en Grecia y
en Italia, ó que en España se orquestase desde el Banco de España, la Comisión
de Valores y las entidades bancarias el fraude de las preferentes ó que bajo el
título de “democratización de la Ley Electoral” se cerrase la posibilidad de
crear nuevos partidos nacionales……
Está preocupante información la compartí en mi entorno de clase media,
educada en la universidad española de los años 85, buscando una complicidad que
provocara un cambio controlado a través de acciones concretas. Pero no solo no
conseguí alertar, sino que la respuesta general de mis amigos era evitar el
análisis que yo provocaba para evitar tener que enfrentarse a situaciones que
de antemano suponían iban a sobrepasar sus capacidades y implicarían un
compromiso que mermaría su posición de confort a corto plazo y su opción más
inmediata era buscar una especie de status quo emocional aislando los
acontecimientos de su burbuja de irrisoria seguridad.
Ahora ha pasado algo más de tiempo y realmente yo tampoco he hecho nada tangible
y veo coherentes a mis amigos. Una vez adquirida la conciencia no debe bastarnos
charlar ó escribir sobre estos temas. Si de verdad estamos tan implicados solo nos
queda la acción ó asumir nuestra propia hipocresía.
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